El Ajedrez como Herramienta Estratégica para el Abogado Litigante

EL ESPACIO EN EL AJEDREZ
23 de agosto, 2020
A PROPÓSITO DEL OBJETIVO Y ALCANCE DE UN LIBRO
31 de agosto, 2020

Dr. Cirilo Bustamante (1)

Es frecuente ilustrar con piezas de ajedrez las tapas de los libros o los afiches de las actividades que tienen que ver con el pensamiento estratégico, especialmente en el mundo de los negocios. También se hace jugar al ajedrez a ciertos personajes de la ficción, como en el cine, para denotar que poseen una afilada inteligencia o la habilidad de adelantarse a los movimientos de sus rivales. En la película «Asesinos» (1995), Robert Rath (Stallone) intercambia disparos, pero también jugadas de ajedrez a través de su computadora con Miguel Bain (Banderas), la metáfora está clara: el vencedor no será el más hábil con las armas, sino quien logre anticipar cuál es el plan del rival.

Lo cierto es que, como muchas otras cosas que transcurren en la ficción, esa metáfora posee un sustrato de verdad –lo que la hace verosímil– y otra porción de fantasía o exageración. Que sea el ajedrez un deporte mental útil para aprender a pensar estratégicamente, e incluso que a temprana edad reporte beneficios en el aprendizaje de materias como las matemáticas, es algo que cuenta con sustento empírico2. Que el juego también pueda utilizarse en una edad adulta, para traspolar sus principios estratégicos y tácticos a otros terrenos de competencia –como el managment o el litigio judicial–, no se ha investigado en la misma medida34, aunque sea un campo de gran riqueza para desarrollar, como nos ha ilustrado el autor y Maestro Internacional Cyrus Lakdawala5.

Sostendré la hipótesis de que la respuesta es positiva, y que tanto la práctica del ajedrez y en especial, el desarrollo de una teoría de sus principios más abstractos, pueden servir para agudizar la capacidad estratégica en otros campos. En este caso y con espíritu exploratorio propongo una guía

Dr. Cirilo Bustamante

esquemática de los fundamentos y principios del juego que podrían trasladarse, a través de una analogía razonable, a las lides judiciales. Algunos primeros trazos para ese esquema son los siguientes:

Los jugadores y… el juez: Dice Borges en su poema, que los jugadores de ajedrez se demoran en el «…severo ámbito en que se odian los colores». Es sabido, y aconsejado ya por Couture, que este odio que metafóricamente utiliza el escritor, no ha de acompañar la tarea del profesional del Derecho6. En cambio, el ámbito del litigio sí es tan severo como el tablero Borgesiano, y en él se debatirán dos (o a veces más) partes que se enfrenten con el objetivo de lograr su pretensión procesal o defenderse de la deducida por la contra-parte. La principal diferencia entre ambos ámbitos estriba en la objetividad del resultado. En ajedrez, quién juegue mejor, o quien «cometa el penúltimo error»7 será el que consiga la victoria.

En el caso judicial el resultado no dependerá exclusivamente de ello porque gravita también en otro factor humano, y por lo tanto subjetivo: es decir, el juez que aprecia, interpreta y finalmente emite su decisión. Por ello el abogado, en rol de litigante, no solo debe pensar la «mejor jugada objetiva», sino que debe incluir como componente estratégico una lectura, tanto del adversario como del propio juez, en lo posible también, conociendo las decisiones previas de éste o sus tribunales superiores. La estrategia más adecuada entonces, podrá ser distinta dependiendo del decisor que entienda en él. Un juez en particular puede estar más inclinado a seguir cierta doctrina y no otra, tener sus autores favoritos y otros con los que discrepa, poseer un perfil más académico o uno más pragmático sin que estas categorías sean excluyentes, tener más apertura frente a las innovaciones, la creatividad probatoria y las nuevas tecnologías como las pericias informáticas o ser más tradicional o conservador respecto del proceso, etc8.

El conocimiento de este «perfil de juez» o incluso del fuero mismo, se adquiere solamente con la práctica y algunos años recorriendo los pasillos de los tribunales. De forma intuitiva y gracias a la experiencia, el abogado litigante llega a adquirir y utilizar ese conocimiento de los jueces y los tribunales: a veces se utiliza dentro de las legítimas reglas de la profesión y otras veces, desagraciadamente, fuera de tales reglas. Sin llegar a los extremos, este bagaje se puede tornar consciente y utilizarse para perfilar la estrategia correcta del caso. Los ajedrecistas utilizan algo que se llama la “preparación» para un oponente específico con el que se sabe que se va a jugar próximamente.

Dr. Bustamante

Por ejemplo, en los torneos abiertos, el «pareo»9 se conoce el día anterior y el ajedrecista cuenta con una tarde, algo de la noche –sacrificando horas de sueño– y parte de la mañana siguiente, para estudiar las partidas de su adversario que puede encontrar en las bases de datos. Si el trabajo se realiza a conciencia, se obtendrá información valiosa: repertorio de aperturas del rival, las posiciones en las que se siente más cómodo y las que más «sufre», sus fortalezas y debilidades, etc.

En el litigio, esta «preparación» entonces puede llevarse especialmente respecto del perfil y preferencias de los jueces, como factor subjetivo de real gravitación para el resultado. Intuitivamente esto suele formar parte del bagaje del buen abogado, pero el hecho de no realizarse a conciencia explica que se cometan grandes errores en este aspecto cuando se ha de pisar un nuevo juzgado o una distinta circunscripción o fuero. Un caso repetido es el que se comete al enviar escritos prediseñados a los abogados que litigan en distintas jurisdicciones desde la central de la empresa u organismo, sin obtener o valorar la necesidad de un feedback de la experiencia de estos profesionales, respecto de cómo litigar en esos tribunales que ellos conocen mejor. El lector podrá encontrar muchas más aplicaciones a este esbozo que simplemente dejamos respecto de la «preparación» y adecuación de la estrategia de acuerdo al órgano decisor que entienda en el caso. Lo importante es tornarlo un hábito consciente y saber que debe formar parte del plan estratégico del caso desde su inicio.

  1. Recursos iniciales y posibilidades de éxito ¿con cuántas piezas iniciamos?: Las piezas y los peones constituyen el ejército que dirigen los ajedrecistas. Normalmente, y de acuerdo al reglamento, ambos bandos inician con la misma cantidad de piezas, es decir, el factor que técnicamente se denomina «material» en ajedrez, comienza siendo igualado. En el siglo XIX, y debido a la falta de desarrollo de la técnica defensiva, los maestros acostumbraban a dar ventaja material a sus adversarios más débiles. Por ejemplo, Paul Morphy (1837-1884), a la sazón abogado y brillante jugador norteamericano, posee una gran colección de victorias iniciando el juego con un caballo o una torre de menos, o incluso sin estas dos piezas. En la actualidad, el desarrollo de la técnica hace mucho más difícil, incluso para los mejores jugadores, enfrentar a fuertes aficionados otorgando ventaja material. En 2001 Gary Kasparov jugó un match de beneficencia contra Terry Chapman, un empresario de consultoría tecnológica y fuerte jugador, pero muy lejos del nivel del campeón mundial. A la manera del siglo XIX, Kaspárov otorgó ventaja material, pero de dos peones, es decir, menos diferencia que el caballo que otorgaba Morphy. Kaspárov ganó el match  a cuatro partidas, pero una de ellas resultó en tablas (empate).

¿Cómo podemos interpretar este factor material y su equilibrio en relación a la litigación? Al iniciar un caso y también antes de tomarlo es aconsejable medir con objetividad, con cuántos recursos disponemos, dado que raramente podremos decir que iniciamos en igualdad de condiciones frente a nuestro colega (o estudio) adversario. Quizá contemos con escasos medios probatorios para acreditar nuestra versión de los hechos o sostener nuestra «teoría del caso» como se llama en el proceso penal acusatorio. O quizá la conducta previa de nuestro asistido no haya sido la más diligente o ejemplar, y eso le quite fuerza a nuestro planteo. Digamos que, en el lenguaje más llano, tendremos a veces que iniciar una acción o contestarla con desventajas materiales: en los hechos, en el derecho, o en los medios probatorios. Un abogado hábil sabe cómo sacar el máximo partido de pocos recursos o incluso disimular o restar gravitación a los defectos de su caso. Sin embargo, la objetividad en la valoración de los recursos iniciales debe formar parte de una valoración objetiva de las posibilidades. Todos conocemos abogados poco profesionales que ofrecen fantasías o prometen resultados que no se ajustan a los recursos con los que cuenta la pretensión de su cliente. En el peor de los casos, el propio abogado termina creyendo en su propia valoración fantasiosa. Si Kasparov, entonces, uno de los mejores ajedrecistas de la historia, acepó entablar (empatar) una partida contra un jugador mucho más débil, por haber comenzado en desventaja material, cabe aprender la lección de que aún los mejores abogados se encontrarán con casos en los que no podrá más que arribar a una suerte de «empate» porque comienza con desventaja de recursos (hechos, derecho o prueba). Traducir este empate al conflicto jurídico significa hablar de negociaciones extrajudiciales o soluciones alternativas que eviten mayores pérdidas para su cliente. Esta segunda analogía nos aconseja entonces a valorar objetivamente los recursos con los que contamos y a no sobreestimar las propias habilidades, ya que incluso un campeón de mundo como Kasparov ha de saber cuándo un empate es un resultado satisfactorio.

  • La primera jugada: ventaja de iniciativa… ¿desventaja de información?
  • El ajedrez se juega por turnos: invariablemente, toca un movimiento a cada bando10, iniciando la partida las piezas blancas. Esto se acepta generalmente que da cierta ventaja de iniciativa, es decir, las blancas realizan las primeras amenazas y desarrollan sus piezas más rápido, obligando a las piezas negras a estar a la defensiva. Las estadísticas respecto de los resultados parecen confirmar esta ventaja del jugador que mueve primero. Sin embargo, el gran maestro de ajedrez húngaro András Adorján, ha intentado cuestionar esta ventaja de las piezas blancas a través de una serie de libros11. La idea es que el ajedrez es un juego de información: es decir, cada movimiento informa al contrincante qué es lo que tratamos de hacer. Bajo esa premisa, es claro que el conductor de las piezas negras siempre «sabrá un poco más» que el de las blancas, claro que a costa de tener que mover en segundo turno.

En general, los conflictos jurídicos, al menos desde que los abogados comienzan a asesorar a las partes de un caso, es similar a un «juego de turnos», aunque en algunos escenarios sea posible que realicen acciones simultáneamente. Pensemos no solo el proceso mismo, sino antes, por ejemplo, en el intercambio telegráfico (cartas documento, telegramas laborales, etc.). Incluso podemos incluir en dicha categoría a los correos electrónicos, que ya sabemos que en muchos casos podrán ser utilizados como prueba válida del proceso. Este intercambio secuencial de mensajes, entonces, posee las mismas propiedades que el sistema de turnos ajedrecístico: quien mueve en segundo lugar (quien responde) debe aplacar la iniciativa del adversario, pero contará con más información. Como ejemplo muy simple, quién aduce en un telegrama una causal de despido indirecto, luego no podrá variarla en el juicio respectivo, e incluso si lo hiciera ello iría en desmedro de la verosimilitud de su demanda. Cada intimación, reclamo, acción procesal, etc., tiene, además de su efecto jurídico inmanente, otro efecto que es el de transmitir información que podrá ser utilizada por la contraparte, ya sea para refutarla, encontrar sus debilidades, o volverla en contra de nosotros mismos si existen contradicciones con otros actos posteriores12. Otro ejemplo es el del proceso penal: en sistema acusatorio, para requerir la audiencia de «formulación de cargos», la acusación que en general lleva adelante el fiscal debe postular una descripción circunstanciada de la conducta del imputado, lo que constituye una especie de «foto» que será de difícil aunque no imposible variación en el futuro, requiriéndose posteriormente una nueva formulación o «re-formulación» de cargos, que naturalmente puede mellar en la verosimilitud de la teoría de la acusación. El abogado defensor juega aquí casi siempre «en segundo turno», utilizando la información que le proporcionan los actos procesales del fiscal o la querella. Su teoría del caso, salvo cuando fuese aconsejable por su contundencia exhibirla en una etapa más temprana, puede ser mantenida en secreto hasta la audiencia del «control de acusación», en que necesitará comunicarla, al menos parcialmente, para justificar la pertinencia de los medios probatorios que ofrece para la audiencia de debate (juicio propiamente dicho).

El litigio jurídico es así, un juego secuencial y de información. La iniciativa del que «mueve primero» en el proceso entero o en cualquiera de sus incidencias, se compensa con la mayor información con que contará la contraparte para responder o asumir una actitud al respecto –el mero silencio podría ser una de ellas–. Como dosificar la información que se transmite a la contraria, cuándo usar la iniciativa y cuándo esperar el movimiento contrario para aprovechar la ventaja de saber qué es lo que hizo constituye también una parte del saber ajedrecístico transpolable al litigio jurídico.

Como advertíamos al inicio, estos son solo unos primeros pasos, una aproximación a ciertos aspectos del ajedrez que pueden servir como enfoque estratégico de otro tipo de «batallas», en el presente caso, la que se libra en los Tribunales, o en la preparación o solución extrajudicial de un caso. Pueden desarrollarse otros puntos de analogía, e incluso sería deseable abstraer y construir, con mayor rigor formal, un esquema de pensamiento, de evaluación y decisión basado en el juego ciencia y aplicable a otros campos. Debe tenerse en cuenta asimismo para dicha tarea, que elaspecto táctico es tan importante como el estratégico, y así lo sostuvo, en una entrevista que hicimos sobre el ajedrez como herramienta de toma de decisiones, el Gran Maestro Robert Hungaski13:

…El pensamiento estratégico debe estar constantemente acompañado por el cálculo táctico. Hoy en día un jugador de ajedrez tiene más chances de éxito valiéndose solo de su cálculo táctico que valiéndose solo de su pensamiento estratégico. Sin embargo, lo ideal es que estos se complementen. Una idea a largo plazo está condenada al fracaso si no se logran crear/resolver los problemas a corto plazo que van surgiendo en el camino. Este esquema se puede extrapolar claramente al ámbito extra-ajedrecístico.

Esa tarea entonces, más ardua, del diseño de un posible esquema de decisiones basado en el ajedrez y aplicable a otros escenarios, habrá de quedar para otras instancias. En este caso el pequeño aporte que quisimos realizar fue el de hacer explícitos algunos aspectos estratégicos que, de manera más o menos consciente, utilizan los abogados en el quehacer diario. Y es que, por cerrar con las palabras del maestro Von Ihering, el Derecho es lucha14, y por ello agregamos nosotros se emparenta con la más elegante y fina metáfora de la lucha que hemos podido inventar… es decir, el ajedrez.

Notas del autor:

  1. Abogado (UB), Lic. En Filosofia (Untref) Mgter. Ciencia Sociales (UNQ). Agradecido al estímulo del Dr. Santiago Zebel, Director de Educación Legal Ejecutiva de la Universidad Torcuato Di Tella, por animarme a investigar en este campo interdisciplinario.
  2. Trinchero, R. (2013). Can Chess Training Improve Pisa Scores in Mathematics? An Experiment in Italian
  3. Puede anotarse que Genaro Carrió, en el clásico «Como estudiar y cómo argumentar un caso» dedica varias páginas a listar diferencias entre el caso jurídico y el «problema» de ajedrez. Sin embargo, el «problema» ajedrecístico es distinto de la «partida» de ajedrez. Un problema es una posición estática, compuesta por algún maestro o tomada de una partida real, que posee una única solución correcta y se utiliza para ejercitar la imaginación, capacidad de cálculo y habilidad técnica del ajedrecista. La «partida» en cambio, es una lucha viva entre dos voluntades, entre dos deportistas que, apremiados por un límite de tiempo que marca el reloj de dos esferas que acompaña al tablero, intentan derrotar al adversario o bien salir ilesos alcanzando unas tablas cuando su posición es inferior o su rival es más fuerte que ellos.
  4. Sobre bibliografía específica, cabe citar el libro de Kasparov «How Life Imitates Chess: Making the Right Moves, from the Board to the Boardroom» (2007) y en nuestro ámbito nacional la obra del abogado y Maestro Internacional Alejo De Dovitiis «Tablero y estrategia en la toma de decisiones» (Edicon, 2018).
  5. Lakdawala, maestro estadounidense nacido en Bombay, es autor de una veintena de libros de ajedrez, además de ser un experimentado entrenador. En su rica respuesta a una entrevista que hicimos al respecto, Lakdawala señaló nada menos que nueve habilidades ajedrecísticas que pueden aplicarse a otros campos, entre las que incluyó la memoria y el reconocimiento de patrones, la capacidad de visualización, aspectos psicológicos, la cultura del trabajo duro sobre una materia, aspectos científicos y de investigación, etc. Dicha entrevista, conjuntamente con otras opiniones autorizadas, serán materia de un posterior trabajo.
  6. Como lo expresa el IX mandamiento del abogado, según Couture: «IX. Olvida. La Abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras llenando tu alma de rencor llegaría un día en que la vida sería imposible para ti. Concluido el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota».
  7. La ingeniosa definición pertenece a Gran Maestro polaco Savielly Tartakower, a la sazón maestro de don Miguel Najdorf, quizá el más célebre ajedrecista de nuestro país.
  8. Ya Carrió, en la obra citada, consideraba esta cuestión y esbozaba una cierta tipología de los jueces.
  9. Es el emparejamiento o listado de las partidas que se jugarán en la ronda siguiente. En general en los torneos de ritmo clásico (ej. 90 minutos para cada jugador por partida), se juega una partida por día. Por eso luego de terminada una ronda, el árbitro imprime los emparejamientos y los jugadores pueden saber anticipadamente contra quién jugarán al otro día.
  10. 10 Lo que lo constituye en un ejemplo de «juego secuencial» en la teoría de los juegos (game theory).
  11. 11¡El primero de ellos fue “Black is Ok!» (1988).

12. Por imperio del principio general del Derecho que postula que nadie puede ir contra sus propios actos (non venire contra factum propium).

13 El GM Hungaski, nacido en Stamford (Connecticut) es entrendador oficial de la Federación de Ajedrez de U.S.A, además de ser graduado en filosofía y ciencia política por la Universidad de Connecticut (Uconn), su web oficial es: https://gmhungaski.com/ . El contenido de la entrevista, así como de otras similares, se utilizará para el desarrollo de otros posteriores trabajos en la materia.

14. Der Kampf ums Recht (1872).

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