BOBBY FISCHER EN CUBA (2)

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HACIENDO HISTORIA
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Continuación de BOBBY FISCHER EN CUBA (1) publicado en esta web Febrero el 02 – 2021

Esto parece un esfuerzo desproporcionado acerca de un jugador de ajedrez que estuvo lejos de alcanzar algún éxito significativo). Hilbert, sin embargo, tituló muy bien esta atípica obra: «Shady Side: The Life and Crimes of Norman Tweed Whitaker, Chessmaster» (El lado turbio: la vida y los graves delitos de Norman Tweed Whitaker, maestro de ajedrez), que se publicó en el año 2000 por Caissa, la casa editora de Brandreth. Tal vez la inspiración del título le llegó a Hilbert por el nombre de la calle en donde vivió Whitaker, «Shady Side», aunque en ese caso particular era porque sencillamente se encontraba en el lado sombreado de la vía, sin ninguna connotación perniciosa. En la pormenorizada narración de Hilbert se cuenta que Whitaker comenzó sus incursiones al otro lado de la ley cuando evadió el servicio militar obligatorio implantado en los Estados Unidos a partir del 18 de mayo de 1917, casi 50 días después de que el presidente Woodrow Wilson pidiera al Congreso que declarara la guerra a Alemania. Pero ya antes había tenido serios tropezones con los directores del ajedrez de la ciudad de Filadelfia, al encolerizar lo suficiente a Walter Penn Shipley, una figura clásica del ajedrez de los Estados Unidos a principios del siglo 20, para que éste y los restantes directivos de la institución no sintieran por él tanto «amor fraternal» (tal como expresa el significado en latín de esa ciudad norteña) y lo vetaran formalmente de los salones del Franklin Chess Club el 6 de octubre de 1910. Un ejemplo resumido de la vida y desmanes de Whitaker en su doble personalidad dentro y fuera del ajedrez se puede encontrar en 1921, cuando tras finalizar tercero en el «Octavo Congreso de Ajedrez de los Estados Unidos», celebrado del 6 al 20 de julio en Atlantic City, Nueva Jersey, urdió en esa misma ciudad el robo de un automóvil para viajar hasta San Francisco, California, en una excursión familiar y de amigos en dos vehículos, uno de ellos el robado. Con ese hurto comenzó su larga y polémica relación con la justicia. El 30 de diciembre de 1954, tal como si se retrocediera en el tiempo 37 años, se expulsó una vez más a Whitaker del ajedrez organizado, en esta ocasión no por los filadelfios, sino por los directores nacionales de la Federación de Ajedrez de los Estados Unidos, por «ataques falsos, difamatorios y libelos contra la federación y sus oficiales».

Fue verdaderamente injusto que el escritor argentino Jorge Luis Borges no incluyera a Whitaker en su Historia universal de la infamia, pues el hombre tenía méritos para estar en tan selecto grupo. Tal vez como reflejo psicológico de su conducta humana, Whitaker era un jugador de ajedrez de estilo osado, con tendencia a colocar celadas a sus adversarios, como muestra su partida con el futuro campeón Mundial José Raúl Capablanca, en la única ocasión en que se enfrentaron en una competencia oficial. Whitaker afirmó en un artículo de remembranzas, Sixty-five Years in American Chess, (65 Años en el ajedrez estadounidense), publicado en la revista Chess Life (diciembre de 1969), que él había urgido al joven Fischer a utilizar siempre el Peón Rey como primera jugada. Fischer nunca negó esta afirmación, aunque quizás él prefería la salida con el Peón de Rey por instinto propio, sin que mediara la tutoría de Whitaker. Sus comentarios sobre Fischer fueron exactamente los siguientes: «A menudo me preguntan por Bobby Fischer. Lo conozco mejor que la mayoría de los demás. Pasamos tres semanas en una gira de ajedrez a través de muchos estados del sur y Cuba.

Robert Fischer y Boris Spassky en la Olimpiada Mundial de ajedrez de La Habana, 1966.

El equipo de ocho (sic) votó que yo jugara en el Tablero 1, Fischer en el Tablero 2, naturalmente, tuve una oposición más fuerte, pero al final nuestros puntajes fueron los mismos: cada uno ganó cinco, perdió uno y empató uno. Insté a Fischer a jugar 1. P-K4 (1. e4). Según recuerdo, en la docena de años transcurridos desde entonces Bobby nunca ha jugado ningún otro movimiento inicial». De haber sido así, ¡éste sería sin dudas el mayor aporte de Whitaker a la historia del ajedrez! Un tercer personaje del viaje también merece analizarse a fondo: Regina Wender-Fischer, la madre del joven prodigio del ajedrez, quien en esta ocasión tuvo el buen tino de no enviar solo a su hijo. Unos meses antes, en julio de 1955, Regina fue mucho más negligente al permitir a su hijo viajar solo hasta el distante estado de Nebraska para el campeonato juvenil de los Estados Unidos. De acuerdo con el relato de Frank Brady en Endgame (páginas 43-44) cuando ella trató de comprar el pasaje en la estación de trenes Pensilvania, de Nueva York, el expendedor se negó con la explicación de que no podía hacerlo pues los niños menores de 12 no podían viajar solos. Pero ella argumentó que el viaje era necesario para su chess (ajedrez en inglés) y el hombre entendió chest (pecho en inglés), por lo que le extendió el boleto al creer que se trataba de un viaje para un tratamiento médico de una enfermedad del corazón o los pulmones. En el hermético mundo de la policía política, una bandera roja es el indicio de que algo de interés se registra en el expediente de una persona. En el caso de Regina, había una larga hilera de banderas rojas, hasta que, tras una enconada e infructuosa cacería, los agentes concluyeron que ella era como una especie de «compañera de viaje», pero no una espía soviética. Los servicios de inteligencia de los Estados Unidos estaban seriamente preocupados de que la KGB hubiera captado a Bobby durante su viaje a Moscú en 1957. Como mostró posteriormente la historia, Fischer no tenía vocación para el sórdido rol de espía. Pero para el FBI, y todo el Washington oficial, hubiera sido muy embarazoso reconocer ante el mundo que su principal talento en el ajedrez no era más que un peón de Moscú. El grueso del interés de la Oficina Federal de Investigación (FBI) de los Estados Unidos por Regina se remonta al 21 de mayo de 1957, pero su expediente mostraba un arresto desde junio de 1943 «por perturbar la paz», es decir que desde mucho antes ella estaba en el radar de la agencia, así como su hermano Max, cuyas primeras anotaciones por parte de la FBI se registraron en 1942. Los motivos de la vigilancia eran que ella mantenía contactos con miembros del Partido Comunista de los Estados Unidos (incluso cuando había sido expulsada en 1953) y con el personal de las sedes diplomáticas soviéticas, con la excusa de que el motivo aparente era que su hijo Robert pudiera viajar a esa nación para poder desarrollar sus habilidades tras consagrarse en 1957 como el más joven campeón de ajedrez de los Estados Unidos, a la edad de 14 años. Los informes desclasificados del FBI sobre Regina indican el interés de esa agencia por sus actividades y amigos. Varias de las pesquisas fueron ordenadas por el propio director de la entidad, John Edgar Hoover, lo cual puede indicar que en algún momento fue un objetivo prioritario. Uno suele tener la errónea idea de que los servicios de inteligencia tienen un lenguaje sublime en sus comunicaciones secretas y que esos despachos, no escritos para los seres humanos comunes, esconden recónditos misterios y enigmáticos cifrados. No es así; en la inmensa mayoría de las ocasiones se trata de una simple recopilación de delaciones o despachos de agentes donde lo único destacado es la pedestre monotonía del texto. Como anteriormente se ha mencionado, uno de los primeros despachos sobre la familia Wender se le envió el 4 de octubre de 1942 a Hoover desde la sede del FBI en San Luis. Era sobre la vigilancia a Max Wender, el hermano de Regina, como un caso de ‘seguridad del tipo C’. En otro informe, del 21 de octubre de 1957, se menciona al físico de origen húngaro Paul Nemenyi como posible padre del hijo varón de Regina y se sugiere al jefe distrital de Chicago entrevistar al propio Nemenyi para aclarar el asunto. El FBI no creía que el físico alemán Hans-Gerhardt Fischer, que vivía entonces en Chile, era el padre del niño, aunque Regina así lo atestiguó a la trabajadora social que atendió su parto en el hospital para judíos pobres Michael Reese, en Chicago. Según el relato de Regina, ella se encontró con Hans-Gerhardt en la 116 Espacio Laical # 3-4. 2020 Ciudad de México tras varios años de separación y de ese reencuentro surgió el embarazo. Lo cierto es que los agentes de inteligencia no compartían la historia, lo que parece estar fundamentado por el extraordinario parecido de Fischer con Nemenyi, y también por declaraciones posteriores de otro hijo de Nemenyi, el estadístico Peter Nemenyi, quien atestiguó que Fischer era su hermano paterno. De diferente parecer era la informante Helen Mahler Goldstein, quien mantenía una relación con Nemenyi. Para Mahler, aunque no lo declaró así de forma tan tajante al FBI, Regina engañaba a Nemenyi con la historia de que el pequeño Fischer era su hijo, tal vez con el fin de que él se encargara de los gastos de su mantenimiento, a pesar de que el propio Nemenyi le confesó que tenía un hijo fuera del matrimonio que entonces (1946) tenía la edad de tres años. Nemenyi también le dijo que la madre del niño vivía en Iowa o Colorado, lo cual coincide con el itinerario de Regina. Paul Felix Nemenyi provenía de una familia judía acaudalada. Nació el 5 de junio de 1885 en la ciudad de Fiume (hoy en día Rijeka, Croacia) y se convirtió en uno de los más importantes matemáticos de Hungría y del mundo con sus estudios y teoremas en la mecánica de medios continuos. En esta historia nadie parece dar la imagen de un ser humano común y corriente. Nemenyi tampoco la daba. Se le consideraba un niño prodigio que a los 17 años ganó la competencia nacional de matemáticas de Hungría. Su apellido original era Neumann, pero lo «hungarizó» por Nemenyi. Pese a su origen burgués, estaba catalogado por el FBI como un simpatizante marxista. Según un informante anónimo, Nemenyi no ocultaba su convicción de que el comunismo era mejor que el capitalismo. Falleció el primero de marzo de 1956, a la edad de 70 años, en Washington D.C. Hoy muchos datos apuntan a que era el padre biológico de Fischer, aunque todavía no existen pruebas de ADN que lo garanticen. Regina Wender-Fischer tampoco era una mujer ordinaria. Hablaba al menos cuatro idiomas, (algunos testigos suben esa cifra hasta ocho) entre ellos el español, además del alemán, el inglés y el ruso. Pero tenía serios problemas de conducta, al extremo de que hasta los agentes del FBI se preguntaban cómo ella podía ser capaz de resolver los complejos problemas de su vida personal. Un perfil psicológico elaborado por esa agencia la clasificaba como «ligeramente paranoica, querulante, pero no psicótica». Su clasificación dentro del trastorno siquiátrico denominado querulomanía era bastante correcta, pues se trataba de una mujer con delirios de pleitear y que se quejaba de haber sido objeto de engaños, un síndrome que lamentablemente trasmitió a su hijo varón.

Robert James Fischer

El amplio expediente suyo en el FBI mostraba los siguientes datos básicos: Fecha de nacimiento 31/3/13. Lugar de nacimiento Zúrich, Suiza. Altura: 5’3” (5 pies y tres pulgadas – 1 metro 60 centímetros). Peso: 140-lbs. (64 kilogramos). Pelo: Castaño oscuro (con vetas grises). Tez: Rubicunda. Raza: Blanca. Sexo: Femenino. Ocupación: Enfermera. Residencia: 560 Lincoln Place, Brooklyn, Nueva York. Estado marital: CASADA con GERARD FISCHER, alias GERARDO LIEBACHER, (Nota con bolígrafo: de México, América del Sur), en Moscú, Rusia el 4 de noviembre de 1943. Se divorció de FISCHER el 14 de septiembre de 1945. Familiares: HIJA – JOAN FISCHER, nacida el 8 de julio de 1937 en Moscú, Rusia. HIJO – ROBERT JAMES, nacido el 9 de marzo de 1943 en Chicago, Illinois. Desde luego, esta ficha contiene un error evidente: el 4 de noviembre de 1943, supuesta fecha de su boda con Hans-Gerhardt Fischer, pues Regina se había mudado para los Estados Unidos desde 1939. La unión efectivamente ocurrió en Moscú, pero en 1933. La personalidad de Regina quedó cabalmente reflejada cuando en 1945 viajó hasta un pequeño poblado norteamericano también llamado Moscú, para completar su separación legal de Hans-Gerhardt Fischer. Debe de haber sido una satisfacción personal el borrarlo de su pasado con un portazo final apropiado al regresar al comienzo de esa relación matrimonial que fue en la capital de Rusia. Al menos el último acto ocurrió también en Moscú, pero uno liliputiense en medio del frío y escabroso estado de Idaho, en el noroeste de los Estados Unidos. En otra ocasión, cuando Regina escuchó las declaraciones de admiración de su hijo sobre Richard Nixon, al que visitó en la Casa Blanca tras su victoria sobre Boris Spassky en Reikiavik, 1972, su reacción fue hacer campaña a favor del demócrata George McGovern, rival de Nixon en las elecciones presidenciales de ese año. Durante gran parte de su vida Regina mantuvo una relación tirante con su hijo, al extremo de que éste, hastiado, declaró: «Ella se entrometía en todo lo mío y a mí no me gusta que se metan en mi vida. Por eso tuve que quitármela de encima».

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De acuerdo con el obituario de Fischer aparecido en The New York Times del 18 de enero del 2008, el fallecimiento de Regina ocurrió en junio de 1997; y un año después, en junio de 1998, el de su hermana Joan. Ambos hechos luctuosos dejaron un vacío existencial en la vida de Fischer que, según especulan algunos de sus allegados, lo perturbaron seriamente y afectaron su frágil racionalidad. No es de extrañar que durante la travesía de Cayo Hueso a La Habana en 1956, Regina haya preferido mantenerse alejada de su hijo, al extremo de que Pedro Urra, que se encontraba muy cerca de Fischer, ni siquiera la divisó una sola vez. Urra, en cambio, sí recuerda a Laucks, «un hombre que parecía un ruso», al que en algunas ocasiones vio en el barco junto a Fischer y al que reconoció años después en una fotografía como el único que osó penetrar la férrea pared de aislamiento del niño. Frank Brady afirma en Endgame (Crown Publisher. Nueva York 2008, Pág. 48) que Fischer jugó varias partidas a la ciega contra Robert Houghton. Tal vez fue en el viaje de regreso, cuando el niño se le perdió de vista a Urra, a pesar de que éste tenía en el City of Havana una posición privilegiada para observar lo que ocurría en el nivel principal del transbordador, pues la tienda de suvenires, rodeada toda ella de cristales, se encontraba en el medio del salón principal climatizado que se hallaba bajo cubierta. Fischer estaba a unos 15 pies de distancia de él, hacia proa, al lado de uno de los ventanales. En el momento en que Laucks y sus «cabañeros» viajaban a La Habana, el país caribeño estaba envuelto en un intento por lograr que Batista abandonara el poder mediante el llamado a una componenda política. La persona que se ocupó de esa tarea fue Cosme de la Torriente, el ex ministro de Relaciones Exteriores que dio en 1913 a Capablanca su primer trabajo en el servicio exterior cubano. Sin embargo, las gestiones de Cosme de la Torriente fracasaron y el drama de la Isla prosiguió. Pero no todo eran tensiones políticas. En el Cabaret Tropicana la vedete Dorothy Dandridge, quien se había convertido en una celebridad tras su nominación a un Oscar por su actuación en el filme de 1954 Carmen Jones, deleitaba a los asistentes, al tiempo que se anunciaba la próxima aparición de Nat King Cole. Mientras tanto, Marlon Brando ganaba una apuesta simplemente al subirse a un avión rumbo a la capital cubana. Cuando un periodista le preguntó al actor por el motivo de su viaje a La Habana, éste respondió: «Vengo a bailar la rumba, a practicar el toque de las tumbadoras y a comprar un par de bongós». (Ver Nota 5). En el mismo avión en que Brando viajó de súbito a Cuba, también volaba el actor Gary Cooper para visitar a su amigo Ernest Hemingway, quien vivía en el cercano vecindario de San Francisco de Paula, en el municipio de San Miguel del Padrón, en una colina llamada La Vigía, desde donde se divisaba una vista majestuosa de la Bahía de La Habana. En el ajedrez, el conocido cronista del juego Carlos A. Palacio escribía en la revista Carteles un obituario del Maestro polaco-francés Savielly Tartakower, fallecido pocas semanas antes, el 4 de febrero, en París. En el estadio de béisbol capitalino, el lanzador Camilo Pascual, nacido en San Miguel del Padrón, donde vivía el novelista norteamericano, guiaba a su equipo, los Elefantes de Cienfuegos, a la victoria en el torneo invernal de la isla. Posteriormente Pascual también ayudó a ganar la llamada Serie del Caribe, que ese año se efectuó en Puerto Rico. Cuando el City of Havana tiró ancla en el Muelle de Hacendados, cerca del Castillo de Atarés, una fortaleza española construida en 1767, una delegación de ajedrecistas de la isla esperaba a los visitantes. Entre otros, se encontraban el fundador y presidente del Club Capablanca, Mario Figueredo; su vice presidente Ramón Bravo Alcántara; el legendario José A. Gelabert, amigo y primer biógrafo de Capablanca; Alberto García, miembro de la directiva de la institución; José Raúl Capablanca hijo, con quien Laucks posiblemente pactó la visita tres meses antes en Nueva York, así como el campeón nacional Dr. Juan González, que ayudó al traslado de los visitantes a sus alojamientos en su recién adquirido Pontiac Catalina de 1956. El Muelle de Hacendados era el único sitio en la Bahía de La Habana con una explanada suficientemente amplia para recibir los vagones de ferrocarril, camiones y automóviles que cargaba el transbordador, pues el resto del puerto estaba rodeado de escarpadas colinas por la parte noreste, y el litoral del sureste por el avance urbano, la aduana, los almacenes o la planta eléctrica de la ciudad. Durante el recibimiento, Bravo le ofreció a Regina y a su hijo residir en su vivienda particular, en el número 1162 de la calle Belascoaín, entre la Calzada del Monte y Cristina, justo en la popular intersección conocida como Cuatro Caminos, que tenía acceso cercano al «Muelle de Hacendados» por medio de la Avenida de Atarés. Además de su casa, ubicada en el segundo piso del edificio, Bravo tenía en la planta baja de ese inmueble su negocio y laboratorio de fotografía, llamado Foto Bravo. El resto de los jugadores se alojó en el Hotel Bruzón, un inmueble modesto pero funcional que ofrecía importantes descuentos a los viajeros del City of Havana. El establecimiento se hallaba situado en la Calle Bruzón No. 123, casi esquina a Pozos Dulces, a unos 118 Espacio Laical # 3-4. 2020 10 minutos en automóvil del Club Capablanca, donde esa noche se efectuó la primera parte del match entre ambos equipos. Ni los pocos detalles ofrecidos en la prensa sobre la visita de los «cabañeros», ni los que contó Alberto García a los autores, mencionan si Laucks decidió llevar a La Habana su «pisicorre», versión humorística de la ya simpática expresión «pisa y corre», que es como identificaban en Cuba a un vehículo station-wagon. Lo más probable es que no lo haya hecho, debido al alto costo del viaje para los automóviles y la corta estancia de menos de dos días en La Habana. Tras comer en el Hotel Bruzón, los viajeros fueron directamente hasta el Club Capablanca de La Habana, una instalación inaugurada nueve años antes, la noche del 26 de junio de 1947, por el entonces presidente cubano Ramón Grau San Martín. El local contaba con un salón capaz de albergar 18 mesas de ajedrez y un amplio estante de tres piezas que desde el primer día se pobló con la biblioteca de más de 500 libros y las colecciones de revistas de ajedrez del juez Rafael Pazos, que donó su viuda a la institución. Pazos es una de las figuras históricas del ajedrez en la Isla, pues, entre otras cosas, fungió en 1921 como padrino de Emanuel Lasker durante el Campeonato Mundial entre el Gran Maestro alemán y José Raúl Capablanca. Un gran lienzo sobre Capablanca realizado por el pintor Esteban Valderrama decoraba la pared trasera y constituía la pieza central de la institución. En el Club Capablanca se realizó una recepción de bienvenida a los visitantes y el pareo de los colores, ocasión en que se nombraron los jugadores por el orden del tablero y se informó que las partidas se disputarían a razón de 50 jugadas en dos horas. No habría partidas suspendidas y quedó establecido de manera implícita que los juegos inconclusos se adjudicarían, sin mencionarse tampoco quiénes serían los encargados de ello. La composición de los encuentros quedó así: Primer tablero del Log Cabin Chess Club, Norman T. Whitaker (ELO 2220, pero en otro anterior publicado en Estados Unidos tenía 2398) contra el campeón de ajedrez de Cuba, el Dr. Juan González, cuyo último rating de la FIDE, cuando ya era una persona cercana a los 80 años, fue de 2232. Segundo tablero del Club Capablanca, con piezas blancas, José R. Florido, contra Robert J. Fischer. Unos meses antes, en junio de 1955, la revista Chess Review publicó un rating provisional de Fischer al que le calculó 1826 puntos. Pese a cifras tan bajas, era más alto que los 1198 de su promedio en el Ajedrez Postal que apareció en la lista de agosto de 1955 de la misma revista o los 1082 de marzo y agosto de 1956, en momentos en que ya Fischer no participaba más en la modalidad del juego por correspondencia. Florido era un maestro cubano sin un ELO fiable debido a su escasa participación en torneos oficiales, pero uno de 2250 a 2300 podría ser una aproximación cercana a su fuerza de juego. Era conocido por su habilidad para crear celadas, o «trapitos» (un anglicismo proveniente de la palabra inglesa trap, que en español significa trampa), como él mismo decía jocosamente, así como por la rapidez de sus movidas, aunque no era un jugador que se distinguía por su comprensión estratégica del ajedrez. Debido a su intensa participación en partidas rápidas celebradas en el Club Capablanca, Florido efectuaba la primera jugada que le venía a la mente, lo cual le costó muy caro en su encuentro con el niño Fischer. Hombre de carácter afable y una sonrisa siempre a flor de labios, Florido era una de las figuras emblemáticas del Club Capablanca, por lo que en numerosas ocasiones ocupó cargos en la directiva de la institución. Una cualidad distintiva de su carácter era que prefería reírse de sus derrotas en lugar de lamentarse por ellas. No era un profesional del ajedrez y se ganaba la vida como contador de una empresa. El conocimiento teórico de Florido era limitado, pero esto no le impidió obtener ciertos éxitos. En Cuba se le consideraba uno de los 10 mejores jugadores del país en la década de 1950. En los Estados Unidos, compitió al menos en tres ocasiones en torneos abiertos, en los cuales se ubicó siempre en el grupo de cabeza, además de lograr algunas victorias contra figuras de renombre de ese país, como el Maestro Nacional Ariel A. Mengarini, a quien venció en un encuentro amistoso del Club Capablanca versus el Marshall Chess Club en 1951. En el Torneo Abierto de los Estados Unidos de ese mismo año, celebrado en Fort Worth, Texas, Florido finalizó con 8.5 puntos de 12, empatado del 5to al 8vo puesto, por encima de su compatriota Juan González, así como de Norman T. Whitaker y el futuro Gran Maestro Edmar Mednis, en una competencia en la que tomaron parte 95 ajedrecistas y que ganó el futuro Gran Maestro y cinco veces campeón de los Estados Unidos Larry Melvin Evans. Al año siguiente, en Tampa, Florido terminó con 7.5 puntos en los lugares del 10 al 16, empatado con Mednis y Herman Steiner (Maestro Internacional desde 1950). En el abierto de 1953 en Milwauke, una competencia más fuerte y concurrida, finalizó con 8.5 de 13 posibles, empatado del puesto 13 al 26 con los futuros Grandes Maestros Bisguier, Arthur William Dake (Gran Maestro Honorario desde 1986) Evans y William Lombardy (Desde 1960), Hans Berliner (Campeón Mundial por Correspondencia 1965-68), y los Maestros Nacionales Mengarini y Anthony Santasiere. Espacio Laical # 3-4. 2020 119 Cuando Alberto García, director de competencias del Club Capablanca, le informó a Florido que jugaría en el segundo tablero y que su rival sería el niño Fischer, el cubano mostró su desagrado, pues si ganaba, nadie pensaría que su victoria tendría valor. Pero si perdía sería objeto de burlas. En esto se equivocó, pues si se le recuerda hoy en día se debe a su derrota de aquella noche. El orgullo hizo que Florido reaccionara así ante la noticia de quien sería su rival de esa noche. No, le importó mucho que en el ejemplar de enero de 1956 de la revista Chess Review Fischer apareciera retratado en la portada, imagen que se correspondía a su exhibición de simultáneas contra niños del Yorktown Chess Club. Florido abrió con 1. e4 y cuando Fischer le respondió con 1… e5, la partida transitó por los senderos de la Apertura Italiana o Giuoco Piano, el sistema que siempre utilizaba el cubano en esta situación. Tal parecía que eso era lo único que se recordaría de tal encuentro, el sistema de apertura empleado, que pareció corroborado diez años más tarde, durante la Olimpiada de Ajedrez de 1966 en La Habana, en el momento en que Fischer y Florido se encontraron en la escalera que conducía desde el lobby al piso de la sala de juegos.

El coautor de este libro, Jesús Suárez, se hallaba en el piso del salón de juego, cerca de la parte alta de la escalera, y oyó cuando Florido, cerca de él y también en la parte alta, le decía a un amigo: «No se va a acordar de mí». Fischer, quien subía a pasos vivos, escuchó la conversación, reconoció de inmediato a su viejo rival y le dijo en español, sin dar tiempo a la pregunta: «Florido, me acuerdo de usted. Jugamos un Giuoco Piano», tras lo cual el amigo de Florido los invitó a Las Cañitas, un bar contiguo a la piscina del hotel. Suárez, quien entonces contaba con 18 años y era un estudiante de Licenciatura en Química, ha lamentado toda su vida su falta de curiosidad en ese momento cuando los dejó alejarse al sentirse algo intimidado. Tampoco se ha perdonado nunca que no le preguntara luego a Florido sobre lo que habló con Fischer, ni que le pidiera al cubano que le mostrara las jugadas de aquella confrontación. Pero todo esto cambió de manera dramática cuando el Maestro Internacional John A. Donaldson sugirió a los autores que preguntaran a Gary Robert Furman, ex director de la junta de gobernadores del Marshall Chess Club. Furman respondió que conocía esa partida y que haría lo posible por obtener permiso para que fuera utilizada, en el libro, promesa que cumplió. Según muestra una de las fotografías sobreviviente del encuentro, no hay dudas de que ésta fue la partida más emotiva del match, lo que atestigua el grupo de personas que se reunió alrededor de la mesa, entre ellas Ramón Bravo, vicepresidente del Club Capablanca; y Alberto García, quien dirigió el certamen, pero el valor del encuentro no guarda relación con el internso interés de los que la presenciaban, pues Florido comenzó a entregar piezas sin ton ni son y tras su auto matanza no le quedó más remedio que rendirse. A pesar de su expulsión del ajedrez organizado de los Estados Unidos en 1954, la revista Chess Life (agosto de 1965, página 521) hizo un amplio panegírico de Whitaker en el que expresó frases laudatorias tales como que «vivió una vida increíblemente activa en el ajedrez», aunque objetó que «Fuera del juego, Norman no se distinguió mucho y estuvo envuelto en demasiadas cosas por debajo de las leyes que estudió». «Descanse en paz, amigo Norman», fue como Chess Life terminó su tributo final a Whitaker.

Este breve pero interesante pasaje del libro continuará en una tercera y ultima parte

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